Nació en Lima el 15 de Julio de 1860 de una familia cristiana; hija del español Francisco Álvarez y la peruana Mercedes Salas. El 25 de julio fue bautizada en la parroquia de Santa Ana, con el nombre de María Josefa Camila del Carmen.

Recibió una esmerada formación cristiana; y, desde niña sobresalió por sus virtudes académicas, demostrando una esmerada educación en su trato afable y cordial. Estudió en la escuela municipal N° 04 Santa Rosa de Lima, ubicada en la calle Santa Rosa de las Monjas. Participó en la enseñanza del catecismo a los niños pobres de la Iglesia de San Sebastián. Frecuentó a la congregación de las Hijas de la Caridad, quienes le enseñaron la devoción tiernísima y profunda a la Santísima Virgen; además, dedicaba muchas horas a la adoración Eucarística y a la contemplación.

El 9 de diciembre de 1875 recibió el reconocimiento de “la alumna modelo por su concentración, moralidad y notable aprovechamiento”. en la escuela municipal de niñas, otorgado por el Concejo departamental de Lima y el 29 de julio de 1976, recibió la distinción de diploma y medalla por “ser la alumna que más se ha distinguido por su aprovechamiento y conducta”. El 06 de septiembre de 1877 es nombrada profesora de instrucción primaria del tercer grado y el 27 de junio de 1881 consiguió la plaza de dirección de una Escuela Municipal del Callao, en mérito, a su aprovechamiento académico y aptitud profesional.

Aún sus logros en el ámbito profesional no se apagó la llama de la inquietud vocacional, sabía que hallaría la mejor forma de servir a Dios, aún el contexto social difícil para nuestra patria debido a las consecuencias de la guerra del pacífico (1879 – 1883), la que dejó profundos estragos sociales, políticos y económicos. Fr. Miguel Ferriol, OFM confesor de la Srta. Carmen, a sabiendas de que el reconocido Fr. Alfonso María de la Cruz Sardinas, OFM tenía la intención de fundar una congregación para cumplir un voto, al haber obtenido la intercesión de la Inmaculada Virgen María, hace que se conozcan, diciendo que la Srta. Carmen era la persona ideal para este fin.

Y, es precisamente, que en este contexto social Dios suscita a Fray Alfonso y a la Srta. Carmen para unir sus ideales de contribuir en la reconstrucción nacional a través de la regeneración del tejido social mediante la educación preocupándose en primer lugar por la educación de la mujer, por ser ella la base de la sociedad.

El 6 de diciembre de 1883 fundan la Congregación de religiosas franciscanas de la Inmaculada Concepción, con el fin de dar gloria a Dios, promover la santificación personal y la salvación de las almas, por medio de la educación gratuita a las niñas pobres en el local extinto “Beaterio de las Recogidas”.

El 24 de agosto de 1884 Carmen vistió el hábito de novicia, adoptando el nombre de Sor Clara del Corazón de María y numerosas jóvenes atraídas por el ideal franciscano, continuaron ingresando para dedicarse a la oración y a la educación de niñas pobres. El 17 de septiembre de 1885, en la iglesia del Colegio de La Inmaculada Concepción, madre Clara emitió la profesión religiosa de votos temporales en manos de M.R.P. Fundador Fr. Alfonso María de la Cruz Sardinas; y, el 11 se septiembre de 1898, hizo su profesión perpetua. En la tarjeta de su profesión perpetua percibimos su gran disposición para seguir a Jesucristo, su “única herencia”, con “amor y sacrificio”.

El 13 de agosto de 1885 por decreto del Gobernador Eclesiástico se autorizó que las hermanas vistan el hábito franciscano y vivan colegialmente y el 2 de octubre de 1885 el reverendo comisario general del O.F.M. Ignacio Sanz, aprueba el primer estatuto de la congregación, elaborado por el padre fundador y que va a marcar el itinerario de cada hermana de la naciente Congregación.

Madre Clara fue directora del colegio de la Inmaculada Concepción, primer colegio de la Congregación, su vida se caracterizó por una profunda vida interior, alimentada por la adoración eucarística y la devoción mariana. Cultivó un espíritu de notificación y penitencia que supo combinar con una exquisita caridad fraterna y un carácter afable en el trato con los demás; y su deseo ardiente de glorificar a Dios y la santificación de las almas a través de la educación, con especial atención la educación de la mujer porque ¨la sociedad es lo que la mujer es”.

Llena de méritos descansó en la paz del señor el día 25 de febrero de 1924 en la ciudad de Lima y desde el 14 de enero de 1982, sus restos reposan en el mausoleo, en la Casa General de la Congregación. (Jr. Bolognesi 651, Magdalena del Mar, Lima -Perú).

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