Postulantado

Todo seguimiento de Jesús comienza por el conocimiento de su humanidad, rasgos de su personalidad y su actuar que constituyen las exigencias de nuestra vida cristiana.

Aunque la vida religiosa se inicia propiamente en el noviciado, es conveniente la preparación de la joven, lo cual requiere de una etapa previa: el postulantado, que es el periodo que tiene por objeto formar un juicio sobre su aptitud y vocación a la vida consagrada, acompañar y comprobar su crecimiento religioso. Un proceso de transición entre la vida secular y la vida del noviciado.

“Gradualmente se integrará la postulante a la vida comunitaria, se le enseñará a amar la oración, a ejercitarse en la práctica de la caridad, humildad, espíritu de mortificación y abnegación de sí misma. Virtudes practicadas y recomendadas por nuestra madre fundadora”. (Const.87.b)

La vivencia en comunidad ayuda a la joven postulante a fortalecer el valor de la fraternidad, eje esencial de nuestra vida franciscana; y, acoger con docilidad la vivencia de los ideales congregacionales; y para completar su formación, se ejercitará en actividades apostólicas.

En esta etapa de la formación inicial en nuestra congregación la postulante inicia su vida dentro de la fraternidad participando de la vida de oración, vida fraterna y del apostolado que realizamos; siendo un ambiente propicio para discernir su vocación, y vivenciar las virtudes como la caridad, humildad, mortificación y abnegación de sí misma.

Algunos lineamientos que serán el soporte de la base humana y el conocimiento congregacional:

  • Conocimiento y aceptación de su historia personal y familiar.
  • Conocer, amar e identificarse con la congregación.
  • Discernimiento de su vocación y su capacidad para responder a las exigencias de la vida consagrada.
  • Amor a la oración y la práctica de las virtudes cristianas, marianas y franciscanas.
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